HERNIA O PROTUSIÓN DISCAL

¿Qué es la hernia discal?

La hernia discal es un problema de elevada incidencia en la población, alrededor de un 20% la padecen, sin embargo como muchas veces los síntomas desaparecen tras el descanso, es difícil pillarla en los inicios. La diferencia entre hernia y protusión es que en la protusión solo hay un abombamiento de la envuelta fibrosa del disco intervertebral, y en la hernia se produce la salida del núcleo  pulposo, ocasionando  presión en el tejido nervioso y provocando las lesiones.

En ambas situaciones  lo primero que hay que hacer es reposo total. Una vez pasada la inflamación de la zona muscular podemos empezar a tirar de otros tratamientos.  Podemos tomar medidas posturales, de fisioterapia y también nutricionales.

Recomendaciones dietéticas y consejos

Lo que yo puedo aportar… ¿qué podemos hacer con la alimentación? Lo primero de todo es conveniente perder peso, hay que evitar el sobrepeso y la obesidad para disminuir la presión de los discos intervertebrales.

Según la medicina china este tipo de problemas es debido a la bajada de Qi en bazo y riñón. Así que podemos hacer una dieta para tonificar estos órganos. El shiatsu es una de las mejores herramientas para tratar esta enfermedad, podemos tonificar esos órganos y tocar también puntos de vejiga que se encuentran en la zona lumbar, V21, V22, V23, V24, que ayudan a tonificar toda esa musculatura.

Debemos realizar una dieta antiinflamatoria y rica en antioxidantes, como antiinflamatorios podemos tomar W3, que se encuentra en el pescado azul, pero también están en las nueces, semillas de lino, aceite de oliva… así que no tenemos por qué comer animales. Podemos tomar también un remedio de cúrcuma con pimienta negra o raíz de eleuterococo.

Los cereales, legumbres y verduras están llenas de antioxidantes, pero son especialmente importantes la vitamina C, A y E. Y oligoelementos como el selenio y el zinc. La vitamina C la encontramos no solo en la naranja, la cual no se aconseja porque acidifica mucho, está en el perejil, brócoli, chirivía, grosellas, berros, limón, kiwi… la vitamina A, en verduras anaranjadas, zanahoria, calabaza, albaricoque, melocotón, mandarina, espinacas, perejil, acelga… y la vitamina E en vegetales grasos y sus aceites como aceite de girasol, oliva, soja, germen de trigo, almendra, nuez y en hortalizas como apio y judía verde.